POR HAROLD MEADE
EXPRESO LA RAZÓN
Pocas figuras han marcado la historia de Ciudad Mante con la intensidad de José Chong Ramírez, veracruzano que dirigió la Cooperativa del Ingenio Mante durante doce años y convirtió una población agrícola en el centro económico del sur de Tamaulipas.
Su gestión coincidió con el auge de la industria azucarera nacional, cuando el Ingenio Mante era uno de los más productivos del país y concentraba prácticamente toda la actividad económica y laboral de la región cañera.
Desde la gerencia de la cooperativa, Ramírez ejerció una influencia que rebasaba la administración industrial, sus decisiones abarcaban infraestructura urbana, educación, deporte, cultura y buena parte de la vida política local.
El cronista emérito de la Asociación de Ciudades y Villas del Estado de Tamaulipas, Ricardo Enríquez Salazar, sostiene que si Plutarco Elías Calles abrió el camino con el Distrito de Riego 002 y la instalación del ingenio, fue Ramírez quien transformó ese potencial en una ciudad moderna.
EL PODER DEL INGENIO
José Ch. Ramírez asumió la gerencia de la Cooperativa del Ingenio Mante en 1947, durante el sexenio del presidente Miguel Alemán Valdés, y la ejerció hasta 1959, período en que la producción azucarera mexicana registraba sus niveles más altos del siglo XX.
El ingenio era entonces el motor económico del municipio, generaba empleo directo para obreros industriales y trabajo de zafra para miles de ejidatarios cañeros, además de sostener el comercio y los servicios de la ciudad.
Desde esa posición, la capacidad de decisión de Ramírez alcanzaba la asignación de contratos de construcción, la dotación de servicios públicos y la definición de prioridades urbanas, sin que existiera contrapeso institucional efectivo.

UN CACICAZGO CON OBRAS
El liderazgo de Ch. Ramírez adoptó la forma de un cacicazgo regional, característico de la política mexicana de mediados del siglo XX, era común verlo desplazarse con escoltas y armado, según refiere el cronista Enríquez Salazar.
Las decisiones económicas de mayor impacto en el municipio pasaban por la administración del ingenio, lo que concentraba en una sola figura el control sobre los recursos de una cooperativa integrada por obreros azucareros y ejidatarios cañeros.
Esa concentración generó críticas persistentes, parte de las obras urbanas impulsadas durante su gestión fueron financiadas con fondos de la cooperativa, cuyo propósito original era beneficiar a los socios productores, no a la ciudad en general.
Sin embargo, con el paso de las décadas, buena parte de esas inversiones continúan formando parte de la infraestructura urbana de Ciudad Mante.
EL CAMPO COMO
PUNTO DE PARTIDA
Ramírez entendió que el crecimiento del ingenio dependía del campo, e impulsó el mejoramiento de los caminos rurales por donde se trasladaba la caña desde los ejidos hasta la fábrica, lo que redujo costos de transporte y agilizó la movilización de la cosecha.
Sin estudios profesionales formales, viajó a Cuba para conocer los ingenios más avanzados de América Latina, buscó adaptar sus métodos de producción al contexto del Mante y aplicó el conocimiento adquirido mediante experiencia directa y aprendizaje autodidacta.

EL NACIMIENTO DEL
MANTE MODERNO
El crecimiento económico derivado de la industria azucarera comenzó a reflejarse en el trazo urbano, durante su administración surgieron colonias como la Obrera Uno y la Miguel Alemán, diseñadas con calles amplias conforme a una planeación poco común para la época.
La intención era preparar a Villa Juárez, hoy Ciudad Mante, para convertirse en una ciudad industrial capaz de sostener el crecimiento de la zona cañera, varias de esas colonias forman parte hoy de la mancha urbana consolidada del municipio.
El proyecto de Ramírez incluyó la construcción de parques deportivos, escuelas, iglesias y espacios recreativos en la ciudad y en los ejidos, obras financiadas con recursos de la cooperativa y ejecutadas bajo la dirección de la gerencia del ingenio.
El béisbol recibió un impulso singular con la edificación del parque Miguel Alemán, que historiadores locales consideran el primero de Tamaulipas con alumbrado para juegos nocturnos y uno de los pioneros en ese rubro a nivel nacional.
Entre las obras de ese período figuran también la Alameda, el balneario Nuevo Veracruz, hoy conocido como La Aguja, jardines de niños y diversos espacios públicos distribuidos en colonias y ejidos de la región cañera.
UNA CIUDAD CON VIDA CULTURAL
La cultura ocupó un lugar dentro de ese modelo de desarrollo, durante los años de Ramírez fue construido el Teatro Julián Carrillo, inaugurado por el propio compositor potosino creador del Sonido 13, sistema de microtonalidad que lo situó entre las figuras más originales de la música del siglo XX.
El edificio social Lázaro Cárdenas, hoy sede del Museo Regional y de la Casa de la Cultura de Ciudad Mante, nació en ese período como espacio para el desarrollo artístico y comunitario de la población trabajadora vinculada al ingenio.
El antiguo salón del Distrito de Riego, hoy conocido como Las Villas, se consolidó como centro social de bodas, bailes y reuniones, parte de una vida urbana que el cronista Enríquez Salazar describe como el período de mayor actividad cultural que ha vivido El Mante.
EL PRINCIPIO DEL DECLIVE
Con el paso de los años surgieron disputas internas por el control de la Cooperativa del Ingenio Mante, luchas entre grupos de interés que debilitaron progresivamente un modelo que originalmente buscaba beneficiar a obreros y productores.
La concentración del poder y los conflictos entre facciones terminaron por deteriorar la cooperativa hasta poner fin a la etapa más exitosa de la agroindustria regional, según el análisis del cronista emérito Ricardo Enríquez Salazar.
UN LEGADO QUE PERMANECE
A más de medio siglo de distancia, colonias, avenidas, parques, edificios culturales y caminos rurales construidos durante la gestión de Ramírez siguen formando parte de la infraestructura y la identidad urbana de Ciudad Mante.
Su figura continúa dividiendo opiniones, para unos representa el modelo de un liderazgo que adelantó décadas el desarrollo del municipio, para otros encarna la concentración autoritaria de poder en torno a una empresa de carácter social.
Para el cronista Ricardo Enríquez Salazar, el juicio histórico se inclina hacia los resultados: “Nosotros tenemos que estar agradecidos por ese legado que dejó José Ch. Ramírez. Haya sido como haya sido, fue el artífice de lo que en el futuro sería El Mante, Tamaulipas.”

EL INGENIO QUE
MOVÍA AL MANTE
La Sociedad Cooperativa de Ejidatarios y Obreros del Ingenio del Mante se constituyó tras la expropiación de 1940 y heredó una planta con producción ascendente: en la zafra 1939-1940, el ingenio producía 29,653 toneladas de azúcar por ciclo, frente a las 15,938 de su primera zafra en 1931.
Cuando Ramírez asumió la gerencia en 1947, el Banco de México financiaba ya a la cooperativa desde 1944, lo que evidenciaba el peso estratégico del ingenio dentro del sector azucarero nacional.
El ingenio operaba sobre la infraestructura del Distrito de Riego 002 Mante, que irrigaba decenas de miles de hectáreas cañeras en los municipios de Mante y Xicoténcatl.
La cooperativa integraba dos fuerzas laborales, obreros industriales que operaban la fábrica y ejidatarios cañeros que abastecían la materia prima desde los ejidos del distrito de riego.
Ambos sectores dependían del ingenio como fuente principal de ingresos, sin alternativa económica de magnitud comparable en el municipio.
Durante los doce años de gestión de Ramírez, la producción azucarera mexicana vivió su ciclo de mayor expansión del siglo XX, impulsada por la demanda interna y los precios internacionales.
El Ingenio Mante era entonces uno de los más activos del país, con una capacidad de molienda que habría superado las 300,000 toneladas de caña por zafra en sus años de mayor rendimiento.
La capacidad instalada del ingenio, confirmada por la trayectoria documentada de la planta, alcanzaría con el tiempo el millón de toneladas de caña por ciclo y una producción de 100,000 toneladas de azúcar, posicionando al Mante entre los grandes referentes de la industria azucarera nacional
El Renacimiento Cañero:
Cuando el Azúcar
Financió al Muralismo
A mediados del siglo XX, Ciudad Mante no solo destilaba melaza y acumulaba toneladas de azúcar; también fraguaba una identidad artística sin precedentes en el noreste mexicano.
Al frente de esta metamorfosis no estuvo un gremio de intelectuales, sino una dupla inesperada que unió el músculo de la industria con el pincel de la vanguardia mexicana: el poderoso gerente de la cooperativa cañera, José Ch. Ramírez, y el pintor veracruzano Ramón Cano Manilla.
Cuando José Ch. Ramírez asumió las riendas del Ingenio Mante en 1947, su proyecto de expansión rebasó las fronteras de las calderas y los cañaverales.
Respaldado por el régimen federal y el auge económico de la posguerra, Ramírez entendió que el progreso de la urbe obrera requería de un alma cultural.
La respuesta la encontró en 1948, al invitar formalmente a Cano Manilla —un consagrado discípulo de Alfredo Ramos Martínez y exdirector de las Escuelas de Pintura al Aire Libre— a trasladar su residencia al sur de Tamaulipas.
El vínculo mutó rápidamente en un mecenazgo estratégico. Con recursos provenientes de las zafras y la gestión cooperativista, Ramírez financió más de 500 metros cuadrados de frescos y templos.
Cano Manilla convirtió los muros de las escuelas locales en lienzos monumentales. Obras como “Ignorancia y cultura” en la Primaria Héctor Pérez Martínez reflejaban visualmente la utopía del líder cañero: un Mante donde el hijo del obrero del ingenio ascendía socialmente a través de la educación y el arte.
La cúspide de esta alianza se consolidó con la fundación del Instituto Regional de Bellas Artes (IRBA). Bajo el cobijo político de Ramírez y la dirección técnica de Cano Manilla, el instituto institucionalizó la enseñanza artística en la región, convirtiéndose en el semillero de creadores locales como Jorge Yapur.
Así, mientras el ingenio modernizaba la infraestructura urbana del municipio, la mancuerna Ramírez-Cano Manilla esculpía su herencia simbólica.
Un recordatorio histórico de que el oro dulce de Tamaulipas también sirvió para pintar el futuro.
