POR KORAL HERRERA
EXPRESO – LA RAZÓN
Este 30 de octubre, se cumplen 55 años del fallecimiento del maestro Ramón Cano Manilla, pintor veracruzano de nacimiento y mantense por adopción, cuya aportación a la cultura permanece viva en los murales que legó a la Ciudad y en las generaciones de artistas que contribuyó a formar.
Sin embargo, su historia y legado contrasta con el reconocimiento que ha recibido su trayectoria: mientras se plantea erigir un monumento para honrar su memoria, su sepultura permanece en el olvido, una situación que pone de manifiesto la necesidad de dignificar el legado de uno de los principales impulsores de las artes plásticas en El Mante.
El cronista de la Ciudad, Ernesto Ramírez, recordó que Cano Manilla llegó a esta región en 1947, invitado por José Ch. Ramírez, para desarrollar una labor artística y cultural que marcaría una etapa importante en la historia del municipio.
Murales que sobreviven al paso del tiempo
Entre sus aportaciones más representativas, destacan tres grandes obras: La creación de la armonía, ubicada en el edificio del Instituto Regional de Bellas Artes (IRBA); Ignorancia y cultura, en la escuela primaria Dr. Héctor Pérez Martínez, y La evolución de la vida, en la Escuela Secundaria Técnica número 2.
Su producción muralista supera los 500 metros cuadrados y constituye un patrimonio artístico integrado a espacios educativos, donde estudiantes y docentes mantienen contacto cotidiano con las expresiones pictóricas del maestro.
Estas obras no solo representan una herencia estética, sino también un testimonio de su visión sobre la educación, el conocimiento y la formación humana, valores que buscó transmitir a través del arte.
Impulsor de la enseñanza artística
La trascendencia de Cano Manilla también se encuentra en su labor como promotor y formador de nuevos talentos. En 1956 asumió la dirección del Instituto Regional de Bellas Artes, considerado el primero de su tipo en Tamaulipas, desde donde contribuyó a fortalecer la enseñanza y difusión de las artes.
Su trabajo permitió sentar bases para el desarrollo de una comunidad artística local, convirtiendo a El Mante en un espacio de formación y expresión para nuevas generaciones de pintores.
A su trayectoria se suman sus vínculos con destacados exponentes del arte mexicano. En 1974, la galería Ramón Cano Manilla fue escenario de una exposición de obra de Diego Rivera, acontecimiento que refleja la proyección cultural que alcanzó este espacio.
En este contexto, el maestro Gustavo Sánchez Tudón planteó la iniciativa de construir un monumento que permita reconocer públicamente la contribución de Cano Manilla a la identidad cultural mantense.
Aunque actualmente existe un busto en la galería que lleva su nombre, la propuesta busca que el artista cuente con un homenaje en un espacio público exterior, accesible para la ciudadanía.
“Creo que es una buena iniciativa, una buena propuesta en la que vamos a estar trabajando”, expresó Ernesto Ramírez al referirse a la posibilidad de concretar el proyecto.
La iniciativa cobra relevancia ante el contraste que representa el estado de su sepultura, que permanece sin la atención que correspondería a la importancia histórica del personaje.
A 55 años de su fallecimiento, la memoria de Ramón Cano Manilla plantea una tarea pendiente para El Mante: preservar sus murales, proteger el patrimonio artístico que permanece en las escuelas y dignificar los espacios relacionados con su historia.
Su obra continúa formando parte del paisaje cultural de la Ciudad. Reconocerla y conservarla es también reconocer a quien contribuyó a abrir camino para el desarrollo de las artes y dejó una huella en la formación cultural de varias generaciones.
