Seguimos en octubre, mes de la ciberseguridad y, por ello, es un buen momento para reflexionar sobre una percepción que todavía pesa en la gestión pública: ver los ciberataques como “algo normal”. Con frecuencia se piensa que el tema le toca al área de sistemas o a quien tiene un cargo técnico, cuando en realidad involucra a todos los niveles de decisión, en especial a quienes representan un cargo público a fin. Entonces, ¿estamos ante desconocimiento o ante una falta de interés?
El desinterés es el error más caro de un gobierno, pues atenta contra los derechos digitales de las personas, en un mundo donde todo es digital. Los dos frentes de la ciberseguridad que merecen la misma atención son la infraestructura crítica y la protección a la información personal que resguardan las instituciones.
La infraestructura crítica abarca aquellos sistemas de los que dependen servicios esenciales como el agua potable, la energía, el transporte, la salud o la seguridad pública. Según El País, el pasado 27 de julio al menos 300,000 hogares de Atlanta, Georgia, se quedaron prácticamente sin agua. La compañía de aguas detectó que una estación de bombeo se había paralizado, con afectaciones en otras ciudades del Estado, todo señalaba que el ciberataque venía de Irán. Este es un ejemplo de que un ciberdelincuente además de espiar, robar información, puede dejar a una ciudad sin agua.
Un incidente le puede ocurrir a cualquier organismo público, la diferencia está en la resiliencia en ciberseguridad (entiéndase como la capacidad de prevenir, responder y recuperarse), la cual se puede lograr asignando un presupuesto, designando responsables así como capacitación continua al personal, todas esas decisiones las toman quienes ocupan un cargo público, por ello, minimizar un incidente desde esa posición es también una forma de decidir.
Ahora pensemos en un caso hipotético donde el gobierno lanza un programa en colaboración con los municipios para enseñar a niñas, niños y adolescentes a cuidar su información en internet así como el buen uso de la inteligencia artificial. Mientras tanto, los expedientes médicos y escolares de esos mismos estudiantes permanecen en sistemas sin actualizar, sin respaldos, sin nadie a cargo de su seguridad. ¿Hasta dónde llega la educación digital si no va acompañada del ejemplo institucional?
Lo que necesitamos como ciudadanos y ciudadanas es un compromiso genuino, porque lo que hoy es una grave filtración de información personal, mañana puede ser un hospital sin funciones, una ciudad sin agua o un servicio público detenido con consecuencias directas en la salud de las personas.
Grecia Navarro.
