Como bien decía Jacques Lacan —«Usted podrá saber lo que dijo, pero nunca lo que el otro escuchó»—. Este fundamento ofrece una perspectiva especialmente interesante para analizar la política mexicana, donde los discursos de los candidatos, la polarización social, las promesas electorales y la desconfianza hacia las instituciones, influyen de manera determinante en la percepción de los ciudadanos.
¿Por qué un mismo discurso despierta esperanza en un sector de la población, rechazo en otro y escepticismo en un tercero? Un candidato no controla el significado que los ciudadanos atribuyen a sus palabras; controla, hasta cierto punto, su discurso. En este sentido, ¿qué papel juegan las palabras en la deconstrucción de la realidad política de nuestro país y qué nos dicen los datos sobre la confianza política en México? La confianza en el gobierno, en un partido, en las elecciones y la aprobación de un presidente, son fenómenos relacionados, pero no equivalentes.
Los datos más recientes de la Encuesta de Confianza 2025 publicada por la OCD muestran esta complejidad: 53% de Confianza en el Gobierno federal; 34% de confianza en los partidos políticos; mientras que el Centro de Investigaciones Pew con sede en Washington, destaca un 66% de insatisfacción con el funcionamiento de la democracia y un 64% en la Opinión favorable hacia Claudia Sheinbaum; sin embargo esta misma organización señala que la opinión favorable de la Presidenta, pasó del 83% en 2025 al 64% en 2026, mientras que la satisfacción con la democracia descendió del 51% al 33%.
De estos datos se desprenden tres observaciones importantes: La confianza en el Gobierno federal puede ser mayor que la confianza en los partidos políticos. Esto sugiere que algunos ciudadanos distinguen entre quien ejerce el poder y las organizaciones partidistas que compiten por él. Aprobar a una figura política, no significa necesariamente estar satisfecho con todas las instituciones. Para lograr un verdadero análisis, debe tomarse en cuenta la interpretación de los ciudadanos, sus experiencias y cómo cambia su percepción con el tiempo.
De acuerdo con la interpretación de Lacan, las palabras no viajan de manera lineal, no llegan a una sociedad vacía; el lenguaje está atravesado por significados que anteceden al propio individuo. Trasladado al terreno político, significa que un candidato se enfrenta a personas que han experimentado corrupción, inseguridad, desigualdad, promesas incumplidas, desestabilidad económica o abandono institucional. Cada experiencia modifica la manera de escuchar. Las promesas de campaña pueden dar seguridad y fuerza emocional al mensaje, pero no sustituye la evidencia sobre la viabilidad de la propuesta.
Esta frase atribuida al psiquiatra y filósofo francés puede convertirse en una herramienta para evaluar discursos de cualquier partido, sin importar si el candidato pertenece al oficialismo o a la oposición. La política no consiste únicamente en hablar, sino en comprender qué significado adquieren las palabras, porque el elector escucha desde su experiencia con el Estado, sus expectativas de justicia, sus preocupaciones económicas, su percepción de la inseguridad y su historia de confianza o decepción con quienes ejercen el poder.
Hay que reconocer que la comunicación política tiene una dimensión simbólica y emocional, pero también factual, que se encuentra en un constante proceso de aprobación. En el México actual, es imperante no confundir la popularidad de un dirigente con la fortaleza de las instituciones construidas por su partido. En este sentido, habría que analizar el reciente escándalo atribuido a Guadalupe Taddei, Consejera Presidenta del Instituto Nacional Electoral (INE), institución que debería promover, resguardar y hacer valer la democracia en nuestro país.
La pregunta fundamental, entonces, no es solamente ¿qué prometen los candidatos?, sino qué significado adquieren sus promesas para los ciudadanos y qué evidencia existe de su compromiso y capacidad para cumplirlas; porque la confianza no nace exclusivamente de las palabras, pero éstas, pueden construirla, erosionarla o derrumbarla.
Al buen entendedor pocas palabras. Ya decían los viejos: los campesinos suelen saber con precisión, cuando se avecina una tormenta… y en tiempos de electorales, los políticos también; y en este 2028 el mensaje será decisivo.
