Como significativa definición del rumbo económico anual en un contexto sexenal, el paquete económico 2027 entregado al Congreso la tarde del martes 8 de septiembre se puede definir de manera muy sencilla: otro sexenio de bienestar sin desarrollo productivo, con la acumulación de otro año más de pasivos presupuestales que impiden sacar al país del estancamiento máximo 2% de PIB anual que viene desde 1983.
El criterio de bienestar sin desarrollo deja a México en el limbo: no bajar la línea de flotación del 0% de PIB pero tampoco aspirar a un crecimiento superior al 2% ni a la necesidad mínima de poder mantener una tasa promedio anual de PIB de 4% para salir más o menos tablas cada año en materia empleo formal y economía productiva.
La lectura estratégica que debe hacerse de los Criterios Generales de Política Económica, la Ley de Ingresos y el Presupuesto de Egresos para 2027 restringe las posibilidades de reorganizar el esquema productivo nacional con las reformas necesarias para sacar a México de la zona de la maquila, el ensamblaje y el caballo de Troya de otras economías más desarrolladas que utilizan las exportaciones mexicanas sobre todo hacia Estados Unidos.
El enfoque de bienestar con desarrollo explica no sólo las certezas de que no habrá modernización productiva frente al Tratado, sino que también ayuda a entender otras expresiones de irregularidades que tienen que ver con la producción: el desplome de la educación por un orientación antineoliberal e histórica y no de capacitación en áreas de competencia altamente tecnológica, como apareció en los resultados del examen de PISA. Asimismo, el paquete de política económica para 2027 pospone cualquier necesidad urgente de reformas para darle funcionalidad al Plan México y ayudarlo a insertarse en una modernización de la planta productiva y la mano de obra; también, la estrategia para el próximo año pospone cualquier reforma a las empresas públicas que tienen que ver con la energía para el desarrollo y apenas habrá gasto para ir atendiendo los pasivos presupuestales de Pemex y la CFE.
Los lineamientos de política económica para 2027 también desdeñan la decisión indispensable que la economía mexicana ha venido planteando desde la crisis inflacionaria de finanzas públicas de 1973, acumulando poco más de un siglo de temores gubernamentales a la decisión inevitable de una reforma fiscal pactada.
Y por los alcances de las restricciones presupuestales por el lastre de los subsidios a las obras del sexenio pasado y al costo de la reorganización presupuestal de más de medio siglo, el gasto público apenas alcanzará para priorizar los temas centrales del Gobierno federal y desde luego que no habrá excedente para políticas de Estado que tengan que ver con el estímulo a la producción privada por sí misma o en asociación con el sector público.
El sentido real y el alcance político del paquete económico para el próximo año tienen sólo un escenario analítico: gasto del Gobierno –que no del Estado– sólo para atender becas y transferencias directas a la población no productiva o productiva de manera tangencial pero en circunstancias coyunturales de ejército electoral de reserva.
El dato de realismo económico del paquete estuvo en el reconocimiento por eliminación o por interpretación de que las metas de despegue económico planteadas en abril de este año en los Precriterios Generales de Política Económica para 2027 carecieron de certeza y no se alcanzó la meta decrecimiento promedio de 2.5% del PIB que había sido el compromiso central del arranque del Gobierno de la presidenta Sheinbaum Pardo y se bajó al promedio de 1.7% real sexenal, pero con posibilidades reales de colocarse base del escenario: 1.5%.
El análisis de las enfriadas expectativas económicas del país se puede percibir en la interpretación no muy complicada de las cifras del marco macroeconómico 2026-2027 que presenta el documento CGPE 2027 en su página 66: para el año de 2026 se aprobó un crecimiento del PIB de 1.8% a 2.8%, un promedio de 2.3%, pero el resultado se coloca entre 1% y 2%, y según las últimas expectativas gubernamentales de apenas 1.7%. De ahí que la meta para 2027 de 1.5%-2.5% o 2% promedio sea inalcanzable.
La síntesis de las centenas de páginas del paquete económico está muy clara: no habrá reactivación económica en 2027 ni en lo que resta del sexenio, la economía seguirá en zona de estancamiento, el sector privado ha reiterado en sus expectativas al Banco de México que no hay condiciones para aumentar inversiones productivas, el próximo será otro año de atonía en gasto productivo empresarial y todas las variables que tienen que ver con la modernización productiva –educación, empleo, ciencia y tecnología y reconversión industrial– seguirán el archivo de los pendientes. En este escenario, 2027 será igual que los que vienen desde el neoliberalismo de 1983
POLÍTICA PARA DUMMIES: La política le puede ganar a la economía, pero a costa de no quedar bien con ninguna de las dos.
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