POR RAMIRO ORTEGA VALDEZ
EXPRESO-LA RAZÓN
El calor extremo ya obligó al campo a cambiar el reloj, los pocos productores que han decidido apostarle a las siembras, pese a la falta de precios de garantía y el encarecimiento de los insumos, están trasladando sus labores a la madrugada y a la tarde-noche para protegerse del golpe de calor y evitar que los tractores terminen con graves daños mecánicos.
El productor Aurelio Hernández Jiménez señaló que, algunos agricultores comienzan a trabajar desde las 4 de la madrugada, cuando todavía prevalecen condiciones más frescas, y avanzan hasta las 11 de la mañana o el mediodía, momento en que el calor se vuelve más intenso y obliga a detener las actividades.
Explicó que, algunos regresan después de las 6 o 7 de la tarde, cuando las temperaturas comienzan a disminuir, estas jornadas en horarios frescos permiten reducir la exposición de los trabajadores al calor extremo, evitar fatiga y golpes de calor, además de disminuir el estrés al que son sometidos los tractores durante las labores pesadas.
Hernández Jiménez destacó que, aunque el termómetro marque entre 35 y 37 grados en la planicie agrícola, bajo el sol y a bordo de un tractor viejo sometido a trabajos forzados, el calor puede sentirse hasta en 45 grados, y estas condiciones afectan directamente al operador, pero también llevan al motor a trabajar bajo una fuerte exigencia térmica, aumentando el riesgo de sobrecalentamiento y averías.
Advirtió que, muchos de los tractores utilizados por los productores son viejos y que una falla grave puede representar un fuerte golpe a su economía, pues reparar un motor puede superar los 50 mil pesos, por ello, trabajar de madrugada o durante la tarde-noche también permite cuidar las unidades, reducir el desgaste y contener el consumo de diésel, además de proteger la salud del perador.
El productor subrayó que, en una actividad donde los propios agricultores aportan su maquinaria, combustible y mano de obra, evitar una avería puede ser tan importante como sacar adelante la siembra, así, mientras el campo enfrenta altos costos y pocos incentivos para producir, los agricultores tienen que ajustar horarios para que el calor no termine por cobrarles otra factura.
