Cada temporada de lluvias deja al descubierto una realidad incómoda en El Mante y la región cañera; la basura sigue siendo uno de nuestros principales enemigos, pero no por falta de camiones recolectores o de campañas de limpieza, sino por la irresponsabilidad de una parte de la población que continúa utilizando ríos, canales de riego, drenes y caminos vecinales como tiraderos clandestinos.
Las recientes precipitaciones han mostrado nuevamente toneladas de plásticos, botellas, llantas, muebles viejos, ramas y todo tipo de desperdicios flotando en canales y corrientes de agua.
Lo preocupante es que gran parte de esos residuos no aparecieron ahí por accidente, fueron arrojados deliberadamente durante meses y ahora las lluvias simplemente los arrastran hacia los puntos más sensibles de la infraestructura hidráulica.
El problema va mucho más allá de la imagen urbana, los canales de riego son una pieza fundamental para la agricultura de la región, ya que cuando la basura obstruye compuertas, alcantarillas o drenes, se dificulta el flujo del agua y aumentan los riesgos de desbordamientos e inundaciones en colonias, ejidos y parcelas cañeras.
Pero existe otra contaminación menos visible y posiblemente más peligrosa: los residuos de agroquímicos, envases vacíos de herbicidas, insecticidas y fertilizantes siguen apareciendo en canales, brechas y caminos rurales.
Muchos productores cumplen con los protocolos de manejo, pero otros continúan desechando estos recipientes de manera inadecuada, permitiendo que los escurrimientos de lluvia transporten sustancias químicas hacia cuerpos de agua utilizados para riego e incluso para actividades ganaderas.
Durante años se reclamó la falta de agua debido a la sequía y hoy que las lluvias han regresado, se siguen contaminando los mismos sistemas hidráulicos que sostienen la producción agrícola y la vida de miles de familias.
Tampoco se puede ignorar la responsabilidad de las autoridades; Las campañas de limpieza suelen intensificarse cuando llegan las lluvias, pero la vigilancia ambiental y las sanciones contra quienes tiran basura ilegalmente continúan siendo insuficientes, pues mientras no existan consecuencias reales para quienes contaminan, el problema seguirá repitiéndose año tras año.
La naturaleza siempre termina cobrando la factura, la basura que alguien abandona en un camino vecinal puede terminar tapando un dren, el envase de agroquímico que se deja junto a un canal puede contaminar el agua que después llega a una parcela, lo que hoy parece un acto insignificante mañana puede convertirse en una inundación, una pérdida económica o un problema ambiental de mayor escala.
Las lluvias no son las culpables, el verdadero problema es la cultura de la indiferencia que persiste en una parte de la sociedad, ya que mientras sigamos viendo los ríos, canales y caminos como basureros, cada temporal seguirá exhibiendo nuestras propias fallas y recordándonos que la contaminación también se cosecha.
