POR HAROLD MEADE
EXPRESO LA RAZÓN
Durante 20 años, la solidaridad cruzó fronteras para devolver la esperanza a miles de familias de Ciudad Mante y municipios vecinos.
Médicos voluntarios de Boulder, Colorado, llegaron año tras año para ofrecer consultas, cirugías, aparatos auditivos y atención especializada gratuita a quienes difícilmente podían acceder a estos servicios.
Sin embargo, ese esfuerzo humanitario que transformó la vida de miles de personas permanece suspendido y, por ahora, no existen condiciones para retomarlo, expresó el ingeniero Erick Díaz de la Garza, quien presidió durante 14 años la organización Ciudades Hermanas Mante-Boulder, al señalar que la situación de inseguridad en México representa uno de los principales obstáculos para el regreso de los médicos estadounidenses.
Explicó que, además de las condiciones de seguridad, muchos de los doctores que participaron durante años en estas jornadas, tanto en México como en Estados Unidos, ya son personas mayores, por lo que será necesario acercarse a las nuevas generaciones de profesionales de la salud para conocer si existe interés en continuar con esta labor.
Por lo pronto, reconoció, no hay posibilidades de que las brigadas médicas regresen a El Mante.
La última campaña se realizó hace aproximadamente 16 años y fueron dos décadas de trabajo ininterrumpido que dejaron una profunda huella en la historia de la asistencia médica y la cooperación entre ambas comunidades.
Una historia de solidaridad que cambió vidas
El proyecto nació a partir de una necesidad urgente. En abril de 1990, el doctor David Rodríguez Enríquez sostuvo un encuentro en Ciudad Mante con integrantes de la Iglesia Presbiteriana, entre ellos varios médicos, a quienes expuso las carencias de atención especializada que enfrentaba la población y solicitó apoyo a la comunidad de Boulder, Colorado.
La respuesta llegó en noviembre de ese mismo año, cuando el Boulder Community Hospital envió a un primer equipo de 23 voluntarios. Aquella misión, respaldada también por el Club Rotario y la Iglesia Presbiteriana, marcaría el inicio de 20 campañas médicas destinadas a beneficiar a las familias más necesitadas.
Con el paso de los años, la movilización creció hasta convertirse en un importante operativo médico y humanitario. En algunas ediciones participaron más de 100 voluntarios y, durante 2010, el contingente superó las 130 personas.
Díaz de la Garza recordó que, a lo largo de esas dos décadas, se realizaron aproximadamente 105 mil atenciones médicas y más de 10 mil intervenciones quirúrgicas, principalmente operaciones de cataratas, aunque también se practicaron cirugías generales, extracción de tumores, reconstrucciones de labio y paladar hendido, intervenciones de hernias y procedimientos ginecológicos.
Uno de los servicios más significativos fue la atención oftalmológica, con jornadas en las que se llegaron a efectuar alrededor de 40 operaciones diarias.
Para muchas personas que habían perdido la vista, recuperar la capacidad de ver significaba una segunda oportunidad de vida.
También destacó la colocación y entrega gratuita de aproximadamente 300 aparatos auditivos por año, beneficiando especialmente a personas de escasos recursos que no tenían posibilidades económicas de adquirirlos.
La ayuda no se limitó a los habitantes de El Mante. A las campañas acudían pacientes de Veracruz, San Luis Potosí, Nuevo León y Puebla, así como de municipios de la región cañera y del sur de Tamaulipas. Incluso llegaron personas procedentes de Texas para recibir atención especializada.
Una movilización de voluntades y corazones
Cada campaña representaba una compleja operación logística. Durante la última jornada, recordó Erick Díaz, se movilizaron alrededor de 105 personas, a quienes era necesario trasladar, hospedar y alimentar durante aproximadamente diez días.
La organización involucraba al Gobierno Municipal, instituciones de salud y numerosas familias mantenses que abrían las puertas de sus hogares para recibir a los voluntarios, ofrecerles alimentos y colaborar en todo lo necesario para que las jornadas médicas pudieran desarrollarse.
En El Mante, el principal promotor de esta labor fue el doctor David Rodríguez Enríquez, mientras que en Boulder destacó la participación de Barbara Fisher, administradora hospitalaria y vinculada a la dirección del Boulder Community Hospital, quien estuvo a cargo de la organización de estas misiones.
Más allá de las consultas y operaciones, el hermanamiento entre ambas ciudades también permitió concretar otros beneficios.
El cuerpo de Bomberos de El Mante recibió camiones cisterna para atender emergencias e incendios, mientras que en el ámbito educativo se promovieron intercambios de maestros, particularmente relacionados con la educación especial.
El legado de un hombre que hizo de servir una forma de vida
Al recordar al doctor David Rodríguez Enríquez, Erick Díaz de la Garza destacó que su contribución trascendió las campañas médicas.
Lo describió como un hombre profundamente humanitario, comprometido con la salud y el bienestar de las personas más vulnerables.
Su trabajo también fue fundamental para impulsar la Escuela de Enfermería, respaldar instituciones de educación especial y apoyar al orfanato.
Recordó que cada semana el doctor Rodríguez realizaba recorridos hacia comunidades rurales y villas de difícil acceso, donde ofrecía atención médica gratuita a familias que carecían incluso de servicios básicos como electricidad.
Su vocación de servicio, dijo, no buscaba reconocimiento ni recompensa, sino llevar esperanza a quienes más lo necesitaban.
Díaz de la Garza lamentó profundamente su fallecimiento y lo describió como un ejemplo de generosidad, amistad y compromiso social, cuya obra merece ser recordada y continuada.
Un mural para mantener viva la memoria
El 27 de febrero de 2015 se rindió homenaje a los 20 años de las campañas médicas Mante-Boulder mediante la inauguración de un mural ubicado en el tercer piso del hospital donde se desarrollaron estas jornadas.
La obra reúne fotografías de distintos momentos de las misiones médicas y está dedicada al doctor David Rodríguez Enríquez, fundador de este esfuerzo binacional.
En sus muros aparecen los nombres de más de 300 voluntarios que viajaron a El Mante para ofrecer sus conocimientos, tiempo y servicio a la población.
El reconocimiento también tuvo una expresión artística en Boulder, donde se conserva un mural realizado por el maestro Florián López Guerrero.
La pintura representa las banderas de México y Estados Unidos y estrellas que se transforman en palomas, símbolo de paz y fraternidad, hasta llegar al territorio mexicano, donde aparece el nacimiento de Ciudad Mante.
En la plaza principal de El Mante permanece también una piedra traída de las montañas de Boulder, otro símbolo de la amistad que durante años unió a ambas comunidades.
Una historia que merece continuar
Aunque las campañas médicas se interrumpieron en 2011 por distintas circunstancias y los intentos posteriores por reactivarlas no han prosperado, el legado de aquellos voluntarios permanece en miles de personas que recuperaron la salud, la vista, la audición y, sobre todo, la esperanza.
Fueron 20 años en los que médicos, enfermeras, especialistas, instituciones y familias demostraron que la solidaridad no conoce fronteras y que el servicio a los demás puede transformar comunidades enteras.
Hoy, ante la imposibilidad de recuperar aquellas jornadas, queda el desafío de acercar a las nuevas generaciones de médicos y voluntarios a una historia que no debería terminar con el paso del tiempo.
Porque para miles de familias de El Mante, las campañas de Boulder no fueron solamente jornadas médicas: fueron la oportunidad de volver a ver, escuchar, recuperar la salud y descubrir que, incluso en los momentos más difíciles, siempre hay alguien dispuesto a tender una mano.
