Todas nuestras ancestras, nuestras bisabuelas, abuelas y madres lo padecieron, de igual forma muchas mujeres que no maternaron pero fueron elegidas por la familia patriarcal para convertirse en las cuidadoras del hogar; han sido por generaciones las mujeres que desde la intimidad se convierten en el sustento vital para el desarrollo pleno de los demás integrantes del seno familiar; es la tía que no se casó, la madre que no se desarrolló profesionalmente y se quedó en casa, la hermana que absorbió la carga de cuidar a los padres, abuelos o enfermos, la hija que no emigró y sostiene su trabajo de oficinista y a la vez la doble jornada de hacerse cargo de un familiar. Siempre una mujer, detrás del sostén del primer núcleo social tradicional.
Cada 29 de octubre se toca este tema en ocasión de que la Organización Internacional del Trabajo (OIT), en el marco del “Día Internacional de los Cuidados y el Apoyo”, trata de visibilizar esta labor sin paga ni reconocimiento que realizan las mujeres, “No es una decisión individual: es una desigualdad estructural” define Ana Moreira, Directora regional de la OIT para América Latina y el Caribe.
¿Qué nos cuesta ayudar en casa? Nada, asumen quienes no cuidan, ni limpian, ni hacen tareas con los hijos, o los llevan a la escuela y actividades extracurriculares. ¿Qué hacen quienes no cuidan? Todo, se desarrollan profesionalmente, crecen en el ámbito público, mejoran su economía al tener un trabajo de 24 siete, sin que la obligación de apoyar en casa les obstruya en su camino al éxito. Pero más allá de esta inequidad de género, se analiza ya la carga emocional que afecta a la cuidadora, quien realiza una tarea casi invisible y no debe quejarse, menos pedir ayuda, porque es un trabajo que cualquier puede hacer, pero que en realidad casi nadie más lo hace.
Los análisis actuales revelan que el 80 por ciento de los cuidados de larga duración los están soportando las mujeres, sin remuneración, y esto además les afecta porque dejan ir oportunidades laborales por estar en casa, en una acción que no se ve y para lo cual se nos educa desde niñas. Y en tanto se quedan en casa, no tienen acceso a integrarse a un sistema de salud, o de vivienda, o de pensiones. Por ello los organismos internacionales piden a las naciones establecer políticas públicas que les den protección y hasta remuneración.
“Amor con amor se paga”, dicen los discursos de la transformación en México, y sí, en la actualidad se van haciendo ajustes legislativos para alcanzar la igualdad de género y justicia social, en estas actividades esenciales para la sociedad y la economía. Sin embargo, lo escrito en las leyes no soluciona pronto y cabalmente la problemática en que viven las que cuidan de los demás.
Para romper este círculo vicioso, de dejar caer toda la carga física y mental de los cuidados del hogar a las mujeres, hace falta voluntad individual y también colectiva, deconstruir historias familiares y reflexionar sobre el daño que nos hace seguir sosteniendo el sistema patriarcal. Y no se trata de egoísmo feminista, tampoco de abandonar a la humanidad a su suerte, se trata de dimensionar el valor de estas labores para distribución justa e ir avanzando en la igualdad sustantiva,
En México las mujeres hacemos el quehacer doméstico, aunque se trabaje o no fuera de casa, aunque se cuente o no con asistencia de otras mujeres; parece chiste, pero es anécdota que una mujer sea cocinera, maestra, enfermera, psicóloga y economista para hacer malabares con el gasto, lo peor es que se piense que toda esa labor se debe hacer con alegría y sin queja, sin manifestar agotamiento, porque se romantiza la “sopita de mamá”, la “palmadita en el pecho” para curar una gripe y el no dormir para esperar que todos estén en casa, por conveniencia se nos ha sometido al suelo pegajoso de la casa.
Hace apenas 3 años que se conmemora este día de los cuidados; las estimaciones sobre este rubro en México indican que el 75 por ciento de los cuidadores son mujeres y dedican casi 38 horas a la semana a estas tareas, y 9 de cada 10 dejan el mercado laboral por ser cuidadoras en casa.
Analizar el contexto social nos debe llevar a tomar acción, no se trata de invertir papeles, pero sí de dejar atrás los roles de género que sobrecargan a las mujeres, en los cuidados cómo en otras tareas de la vida, la equidad, igualdad y justicia llaman a la puerta.
VISIÓN VIOLETA
Eso que llaman amor, es trabajo físico, mental y emocional. Ante esto, colectivas de mujeres, como la Red Feminista Nacional Mx, convocan a la reflexión sobre “el trabajo que sostiene al mundo y nadie quiere pagar, que lejos de ser una imposición moral sea un derecho humano y una responsabilidad compartida”.
