POR HAROLD MEADE
EXPRESO LA RAZÓN
El Mante tiene en la agroindustria una de sus principales oportunidades para detonar el crecimiento económico de la región, pero la falta de voluntad política, planeación de largo plazo y continuidad en los proyectos ha impedido aprovechar plenamente una riqueza que ya existe: tierra, agua y una fuerte vocación agrícola.
Juan Miguel Rubio Elosúa, presidente del Consejo de Desarrollo Económico de El Mante (CODEC), sostuvo que los estudios realizados por el organismo ubican al sector agroalimentario como una de las rutas con mayor potencial para generar desarrollo, inversión y nuevas oportunidades económicas.
“Definitivamente nos ponen la parte agroalimentaria como la ruta que tenemos que seguir para desarrollar la región, donde tenemos condiciones, tierra, agua; sin embargo, nos falta generar valor”, señaló.
El problema, explicó, es que no basta con producir materias primas, el verdadero potencial económico se encuentra en transformarlas y desarrollar productos con mayor valor agregado, de manera que una mayor parte de la riqueza generada en el campo permanezca en la región.
Consideró que la agroindustria debería convertirse en uno de los grandes detonantes económicos de El Mante, aunque reconoció que diversos proyectos impulsados anteriormente no han logrado consolidarse y cada uno tiene causas particulares que deben analizarse.
“Sí es la agroindustria la que debería detonar el desarrollo; el problema es que hay diferentes causas por las cuales no han funcionado. Por ejemplo, la tequilera tiene sus causas muy particulares y hay otras agroindustrias que tienen otras causas, entonces hay que diferenciar eso porque son muy diferentes”, explicó.
El dirigente empresarial señaló que las alternativas económicas de la región son limitadas, por lo que resulta indispensable aprovechar aquello para lo cual El Mante ya cuenta con condiciones naturales y productivas.
DAR VALOR A LO QUE PRODUCE EL CAMPO
La ruta, explicó, debe comenzar por analizar los mercados para determinar qué productos tienen demanda y cuáles pueden desarrollarse y transformarse competitivamente desde esta región.
Esto permitiría dejar de depender únicamente de la venta de materias primas y avanzar hacia cadenas productivas que incorporen procesos de transformación y comercialización con mayores márgenes económicos.
A ello se agrega el costo del transporte, pues advirtió que el encarecimiento del diésel vuelve cada vez menos conveniente movilizar grandes volúmenes de materia prima, mientras que transportar productos terminados puede resultar económicamente más atractivo.
“Hay que ir viendo en los mercados qué es lo que les atrae e inclusive en la cadena agroalimentaria o de agroindustria es mejor cuando ya se fleta. Hoy el diésel está muy caro y es menos caro fletar productos terminados que fletar materias primas”, apuntó.
FALTA UNA RUTA DE LARGO PLAZO
Pero para que la agroindustria pueda convertirse realmente en un motor económico, Rubio Elosúa consideró indispensable que exista una estrategia sostenida y no únicamente esfuerzos o apoyos aislados.
Reconoció que sí han existido acciones gubernamentales, pero cuestionó que no formen parte de una programación que establezca qué necesita primero la región, cuáles deben ser los siguientes pasos y hacia dónde se pretende llevar su desarrollo económico.
“No ha habido la suficiente voluntad política para darle un sí al desarrollo de esta región. Tenemos esfuerzos, no digo que no hay apoyo, pero no se hace con la programación necesaria a largo plazo para ver qué debe ser primero, qué debe seguir y llegar a dónde queremos llegar para tener un desarrollo sostenible”, manifestó.
