Esta última semana el mundo tuvo un adelanto de cómo la Inteligencia Artificial IA va a moldear la diplomacia de las próximas décadas como sucedió hace unos días en la Asamblea General de la ONU y en una cumbre en la Casa Blanca, con los lideres en esa avanzada tecnología, Estados Unidos y China sentados frente a frente.
Pero empecemos por el principio ¿que es la Inteligencia Artificial? De acuerdo con la OCDE y el Parlamento Europeo la Inteligencia Artificial IA “es un sistema basado en máquinas que, para objetivos explícitos o implícitos, infiere a partir de la información que recibe cómo generar resultados como predicciones, contenido, recomendaciones o decisiones que pueden influir en entornos físicos o virtuales. Los distintos sistemas de IA varían en sus niveles de autonomía y adaptabilidad tras su despliegue”.
Los defensores de la IA destacan avances positivos y concretos obtenidos por su uso como los diagnósticos médicos más precisos, el descubrimiento acelerado de fármacos, la optimización de la agricultura y la energía, educación personalizada y automatización de tareas repetitivas que libera tiempo para el trabajo creativo. En sectores como salud, finanzas y gestión pública, se espera que su uso se vuelva cada vez más habitual y productivo en la vida cotidiana.
Pero de igual forma existe una corriente más cautelosa sobre el uso de la IA que advierte sobre la pérdida de empleos por la automatización, la desinformación generada por modelos capaces de crear textos e imágenes falsos, los sesgos algorítmicos que replican la discriminación, y el uso militar de sistemas autónomos capaces de tomar decisiones de consecuencias fatales sin intervención humana directa. También preocupa la concentración de poder en pocas empresas y países, y el hecho de que en algunos casos los jóvenes que ya recurren a chatbots como sustituto de apoyo emocional real ante la falta de contención social.
Existe una corriente muy popular en las redes sociales que plantea escenarios apocalípticos en los que la IA toma el poder del mundo al estilo de HAL 9000, una inteligencia artificial que se rebela contra los seres humanos en un viaje a Jupiter y trata de matarlos en la película 2001 Odisea del Espacio de Stanley Kubrick, o de Skynet la IA que se apodera de las máquinas en un mundo post apocalíptico y trata de exterminar a todos los seres humanos y a la madre del líder de la resistencia a través del robot T800 en la película The Terminator de James Cameron.
Por otra parte, muchos de los científicos e ingenieros e incluso los dueños de algunas empresas muy importantes como Anthropic y Open AI, que construyen estos sistemas, coinciden en plantear el enorme el potencial transformador de la IA, pero también proponen reducir la velocidad en el desarrollo de esta tecnología para crear salvaguardas adecuadas para su regulación, transparencia y creación de mecanismos de seguridad en su uso antes de que la tecnología avance más allá de nuestra capacidad de control.
El martes 22 de septiembre, Donald Trump subió a la tribuna de Naciones Unidas y anunció que su gobierno dejará de usar el término “inteligencia artificial” y hablará de “superinteligencia”, porque considera que la palabra “artificial” suena a algo falso para describir esa tecnología que es asombrosa. Más allá del cambio de nombre, el mensaje de fondo fue de rechazo a cualquier intento de crear un control internacional sobre la IA y resumió su visión geopolítica con una frase contundente: “quien gane la superinteligencia, gana.”
En visita de estado el Presidente de China Xi Jinping estuvo en Washington. Ahí, el líder chino sostuvo que China y Estados Unidos son las dos potencias en IA y que ambos comparten la responsabilidad de desarrollarla y regularla de forma adecuada, insistiendo en mantener la tecnología bajo control humano.
Previamente en foros internacionales China ha presentado a la IA no solo como una tecnología, sino como infraestructura económica y geopolítica que abarca automatización industrial, robótica, modelos generativos y aplicaciones urbanas, buscando posicionarse simultáneamente como desarrollador líder y como actor clave en los debates sobre gobernanza y seguridad de la IA a nivel internacional.
Ambos países Estados Unidos y China acordaron en Washington crear un canal bilateral de comunicación para incidentes de IA y pondrán en marcha un “Diálogo sobre Superinteligencia”, con una primera reunión formal prevista para noviembre en territorio chino, aunque Trump aclaró que esto no implica ningún compromiso de frenar su desarrollo. También coincidieron tácitamente en adoptar el término Superinteligencia SI para referirse a esa tecnología.
Sin duda la Inteligencia Artificial se ha convertido en un protagonista fundamental en la nueva distribución del poder en el mundo, con los líderes de Estados Unidos y China al frente de la que podría ser una nueva guerra fría, el futuro cercano nos dirá si es posible que ambas potencias caminen juntas en un entendimiento o mantengan posiciones separadas. En los dos casos la humanidad entera recibirá los beneficios o sufrirá las consecuencias.
