Por Harold Meade
Expreso – La Razón
Aunque el VIH puede afectar por igual a hombres y mujeres, quienes viven con esta condición todavía enfrentan una segunda batalla fuera de los consultorios: el estigma y la discriminación social, evidenció Luis Gerardo Olvera Berrones, coordinador del programa de VIH del Distrito 6.
El médico especialista responsable de la clínica SAIH (Servicio de Atención Integral Hospitalaria) del IMSS-Bienestar en Ciudad Mante, señaló que no debe asociarse el VIH con un solo género, ya que cualquier persona puede adquirirlo.
Explicó que los registros muestran una mayor presencia de casos en hombres, con una proporción cercana al doble respecto de las mujeres; sin embargo, subrayó que las acciones de prevención, detección y tratamiento son las mismas para toda la población.
En el caso de las mujeres, indicó que se ha observado una mayor prevalencia entre los 20 y 40 años, aunque también se han atendido pacientes menores de 20 y mayores de 40 años, lo que demuestra que el VIH no está limitado a un determinado grupo de edad.
Más allá del diagnóstico, uno de los principales obstáculos que enfrentan las mujeres que viven con VIH, es la percepción social que todavía existe alrededor de la enfermedad.
Olvera Berrones, reconoció que el estigma y la discriminación continúan presentes en algunas comunidades y pueden afectar directamente la vida de las personas que reciben un diagnóstico positivo, desde sus relaciones familiares y de pareja hasta su entorno laboral y social.
La situación, sostuvo, puede ser particularmente complicada para las mujeres, quienes pueden enfrentar prejuicios relacionados con su vida afectiva, sexual o reproductiva. El especialista, insistió en que vivir con VIH no significa que una persona deba renunciar a formar una familia, tener una relación de pareja, trabajar, estudiar o llevar una vida cotidiana.
“Hay que ponerse en los zapatos de los demás”, expresó, al destacar que una persona con VIH no debe ser señalada ni estigmatizada por su condición.
Un diagnóstico no significa dejar de vivir
El especialista, explicó que, cuando una persona inicia oportunamente su tratamiento y mantiene el control médico, puede alcanzar una buena calidad de vida y realizar sus actividades habituales.
Las mujeres que viven con VIH pueden desarrollar una vida familiar, afectiva, laboral y educativa, además de tener hijos bajo el acompañamiento médico correspondiente.
Por ello, señaló que el diagnóstico debe entenderse como el inicio de un proceso de atención y no como una sentencia que limite el proyecto de vida de una mujer.
En la clínica SAIH, añadió, se trabaja para que las pacientes reciban no solamente tratamiento médico, sino también un trato digno y libre de discriminación.
El estigma también puede alejar a las pacientes del tratamiento
El estigma social no representa únicamente un problema de percepción: también puede convertirse en una barrera para que las personas mantengan una adecuada adherencia al tratamiento.
Olvera Berrones, explicó que una de las circunstancias que pueden afectar la continuidad de la atención es precisamente la discriminación, incluso cuando proviene del personal de salud.
Por ello, destacó la importancia de generar espacios donde las mujeres puedan acudir a recibir atención sin temor a ser juzgadas o señaladas.
Aseguró que en la clínica SAIH, se procura brindar un trato de calidad y acompañamiento a los pacientes, con el objetivo de que se sientan seguros y mantengan su tratamiento.
El médico tratante de VIH/Sida, señaló además que el desabasto de medicamentos puede ser otro factor que afecte a los pacientes, aunque afirmó que en esta unidad no se ha presentado una situación de este tipo de manera recurrente. Recordó que hace aproximadamente una década ocurrió un desabasto de carácter nacional, que calificó como la única experiencia de este tipo registrada en la clínica.
