POR ANTONIO BLANCO
EXPRESO – LA RAZÓN
El alcoholismo comienza a alcanzar a menores a edades cada vez más tempranas en El Mante, donde grupos tradicionales de Alcohólicos Anónimos han detectado un incremento en la llegada de adolescentes de apenas 12 y 13 años que buscan ayuda por problemas relacionados con el alcohol y las drogas.
Integrantes de la agrupación señalaron que la presencia de menores con este tipo de problemas se ha vuelto uno de los aspectos que más preocupa, debido a que ya no solamente reciben a personas adultas con años de consumo, sino también a adolescentes que a muy corta edad enfrentan las consecuencias de una adicción.
Explicaron que el alcoholismo continúa siendo un problema fuerte y persistente en el municipio y aunque se trata de una situación que existe desde hace décadas y que no es exclusiva de esta región, reconocieron que la llegada de personas tan jóvenes a los grupos obliga a poner mayor atención en lo que está ocurriendo entre los menores.
Advirtieron que detrás de cada adolescente que llega a solicitar ayuda existe ya un problema que requiere atención, por lo que consideraron importante no minimizar el consumo de alcohol a temprana edad ni verlo simplemente como una conducta pasajera propia de la adolescencia.
Los grupos tradicionales de Alcohólicos Anónimos se mantienen activos durante todo el año, sin suspender actividades durante los periodos vacacionales.
Las sesiones tienen una duración de hora y media y uno de los horarios de atención es de lunes a domingo, de 1:30 a 3:00 de la tarde.
Además, existen alternativas en diferentes horarios al mediodía, por la tarde y durante la noche, con la intención de que las personas que reconocen tener problemas con su manera de beber puedan encontrar un espacio disponible para solicitar apoyo.
Los integrantes de AA insistieron en que la atención es gratuita y que las puertas permanecen abiertas para quien necesite ayuda, independientemente de su condición económica.
Ante el aumento de menores que están llegando a estos espacios, señalaron que el problema debe llamar también la atención de padres y familias, pues cuando un adolescente de 12 o 13 años necesita recurrir a un grupo de recuperación, el consumo dejó de ser un asunto menor y se convirtió en una señal de alerta que no debe ignorarse.
