POR RAMIRO ORTEGA VALDEZ
EXPRESO-LA RAZÓN
La falta de renovación tecnológica está condenando al campo a producir como hace décadas, lo que antes representaba una inversión indispensable para elevar la productividad, hoy se convirtió en un objetivo inalcanzable para la mayoría de los agricultores, quienes sobreviven manteniendo en operación tractores que desde hace años debieron ser reemplazados.
El tractor, considerado la herramienta más importante dentro de la actividad agropecuaria, está desapareciendo paulatinamente de las parcelas debido a la severa crisis económica que atraviesa el sector, los elevados costos de reparación y el precio de las unidades nuevas están dejando al campo sin el principal motor de la mecanización agrícola.
Américo Ibarra González, productor de la zona temporalera de El Mante, explicó que el tractor representa entre el 80 y el 90 por ciento de las labores físicas pesadas durante el ciclo agrícola, desde la preparación del suelo, la siembra y el transporte, hasta actividades relacionadas con la ganadería, como arrastrar implementos para fumigar, fertilizar o movilizar cargas pesadas dentro de las unidades de producción, reduce tiempos, costos y esfuerzo físico, sin embargo, adquirir una unidad nueva resulta imposible, ya que el modelo más económico ronda los 800 mil pesos.
Por su parte, Aurelio Hernández Jiménez, presidente de la Asociación de Productores HERZAFER, recordó que, durante la década de los ochenta muchos agricultores podían renovar su maquinaria agrícola cada cinco años gracias a mejores condiciones para invertir, en los noventa esas facilidades comenzaron a desaparecer y la alternativa fue prolongar la vida útil de los tractores mediante reparaciones constantes, “Hoy ya ni se compran unidades nuevas ni existen recursos suficientes para repararlas”, afirmó, al señalar que una reparación “a medio pelo” representa un desembolso de entre 60 y 80 mil pesos.
Indicó que, actualmente existen tractores con casi cuatro décadas de trabajar el campo y que, pese al mantenimiento que reciben, cada vez consumen más combustible, registran fallas mecánicas constantes y reducen la eficiencia de las labores agrícolas, a ello se suman los elevados precios del diésel, fertilizantes, agroquímicos y refacciones, factores que han terminado por sepultar la modernización del sector y convertido la mecanización en un lujo para los productores.
Advirtieron que, el tractor se ha convertido en el mejor reflejo del deterioro que enfrenta el campo, mientras los agricultores alargan la vida útil de maquinaria obsoleta para no detener la producción, el rezago tecnológico continúa creciendo y la competitividad disminuye.
Coincidieron en que, sin políticas que impulsen la renovación de equipos y reduzcan los costos de producción, el campo seguirá trabajando con tecnología del pasado, haciendo cada vez más difícil producir alimentos de manera eficiente, rentable y competitiva.
