Hay fenómenos que ocurren tan lentamente que pasan inadvertidos, sin embargo, cuando finalmente muestran sus consecuencias, ya es demasiado tarde para corregirlas; Uno de ellos es el
envejecimiento de El Mante.
Desde hace años, cientos de jóvenes abandonan el municipio para buscar oportunidades que aquí no encuentran, algunos parten a la frontera, a otros estados o cruzan hacia Estados Unidos, para conseguir un empleo mejor pagado, con prestaciones y posibilidades reales de crecimiento.
Mientras tanto, quienes permanecen en la ciudad son en gran medida personas mayores, familias que ya echaron raíces o trabajadores que, por distintas circunstancias, no pueden migrar.
Poco a poco, la pirámide poblacional cambia y El Mante comienza a parecerse a muchas ciudades del interior del país donde cada año nacen menos niños y viven más adultos mayores.
Los datos respaldan esta realidad; De acuerdo con el Instituto Nacional de Estadística y Geografía, Tamaulipas experimenta un proceso acelerado de envejecimiento demográfico, mientras disminuye la proporción de población infantil y aumenta la de personas de 60 años y más. Al mismo tiempo, el Consejo Nacional de Población ha documentado que municipios con alta emigración juvenil enfrentan mayores desafíos para sostener su crecimiento económico y social.
En El Mante esa transformación ya se percibe, hay viviendas donde únicamente viven adultos mayores cuyos hijos migraron para poder trabajar.
Muchos regresan únicamente en vacaciones o en diciembre, las remesas alivian la economía familiar, pero no sustituyen la presencia de quienes algún día podrían emprender un negocio, formar una familia o generar empleos aquí mismo.
Las remesas se han convertido en uno de los principales motores del consumo local; Autoridades estatales estiman que miles de familias mantenses dependen parcial o totalmente del dinero enviado desde el extranjero, ese recurso mantiene abierto al comercio, impulsa la construcción de viviendas y permite cubrir gastos escolares o médicos.
Sin embargo, ninguna economía puede depender indefinidamente del dinero que generan quienes tuvieron que irse.
El problema no es solamente demográfico, también es económico, cuando una ciudad pierde población joven, pierde consumidores, trabajadores especializados, emprendedores, profesionistas y futuros contribuyentes. Disminuye el dinamismo comercial, baja la demanda de vivienda y se reduce el atractivo para nuevas inversiones.
Mientras otras regiones compiten por atraer industrias tecnológicas, centros logísticos o empresas manufactureras, El Mante continúa dependiendo principalmente del sector cañero, del comercio y de las remesas.
Son actividades fundamentales para la economía regional, pero insuficientes para absorber a los egresa dos universitarios o técnicos que cada año salen de las aulas con aspiraciones legítimas de mejorar su calidad de vida.
El propio sector empresarial ha reconocido en diversas ocasiones las dificultades para atraer inversiones que generen empleos mejor remunerados; Sin una diversificación económica, la migración continuará siendo la alternativa más lógica para miles de jóvenes.
A esta realidad se suma otro reto que ya comienza a sentirse, en los últimos años ha crecido la población de adultos mayores, mientras usuarios del sistema público de salud denuncian demoras en consultas, falta de especialistas y desabasto de medicamentos, conforme aumente este grupo de población, la presión sobre hospitales, programas sociales y servicios asistenciales será todavía mayor.
Ninguna ciudad puede aspirar a un desarrollo sostenido cuando exporta a su población más productiva e importa únicamente el paso del tiempo, el verdadero progreso no consiste en que los jóvenes triunfen lejos de casa, sino en que tengan la posibilidad de hacerlo sin abandonar la tierra donde nacieron. El Mante aún tiene fortalezas importantes: una ubicación estratégica, tradición agroindustrial, instituciones educativas, vocación comercial y una sociedad trabajadora.
Pero esas ventajas necesitan traducirse en políticas públicas que incentiven la inversión, impulsen el emprendimiento, fortalezcan la capacitación técnica y generen empleos competitivos.
Porque si la ciudad sigue perdiendo a sus jóvenes, llegará el día en que el problema ya no sea únicamente la falta de empleo, será la falta de perso nas para ocuparlo.
Entonces comprenderemos que el mayor recurso que dejó escapar El Mante nunca fue una empresa ni una inversión, fueron sus propios hijos.
