POR RAMIRO ORTEGA VALDEZ
EXPRESO- LA RAZÓN
El campo ya no solamente está perdiendo cosechas y capacidad de pago, también comienza a perder su propia maquinaria, la crisis económica que golpea a los productores agrícolas obligada a desmantelar tractores y trilladoras para venderlos por piezas, en una muestra del grado de descapitalización que enfrenta el sector.
Hasta hace algunos años, desprenderse de un tractor o una trilladora completa representaba el último recurso de un productor para enfrentar una deuda, liquidar un crédito o recuperar parte de la inversión después de una cosecha siniestrada o con bajos rendimientos, pero en la actualidad el escenario es todavía más complicado, cada vez existen menos agricultores con capacidad económica para comprar esas unidades, incluso cuando se trata de maquinaria usada.
José Heriberto Ibarra González, explicó que ante la falta de compradores y la necesidad urgente de obtener recursos, algunos productores han encontrado mayor posibilidad de ingreso en la venta de las piezas que en colocar la maquinaria completa, y de esta manera, tractores y trilladoras que todavía podrían representar un activo para el campo terminan siendo desarmados en patios y galeras de los ejidos.
“Los patios o galeras de los ejidos se han convertido en deshuesaderos, allí se desmantelan las unidades agrícolas, puedes ver que las trilladoras o tractores que han sido puestos en venta se están yendo poco a poco en piezas”, señaló.
Por su parte Aurelio Hernández Jiménez explicó que, en el sector agropecuario esta práctica es conocida como “canibalizar” la maquinaria y aunque permite obtener efectivo de manera inmediata para cubrir deudas o intentar sostener el ciclo agrícola, también significa desprenderse de un activo indispensable para producir, y agrega que, compradores de la Huasteca potosina y Veracruz llegan a la región en busca de componentes para reparar sus propias unidades, mientras el campo local continúa perdiendo equipos.
El problema, advirtió, es que esta salida puede convertirse en un círculo cada vez más difícil de romper, los productores necesitan maquinaria para sembrar, pero carecen de recursos para repararla o adquirirla y quienes poseen equipos deteriorados terminan vendiéndolos por piezas, y con ello, la región pierde progresivamente capacidad instalada para trabajar la tierra.
La situación también comienza a reflejarse en la antigüedad del parque de maquinaria agrícola que permanece en operación. Muchos productores continúan trabajando con unidades de varios años de uso, debido a que renovar un tractor o una trilladora representa una inversión que actualmente se encuentra fuera del alcance de buena parte del sector.
A esto se suma el costo de las reparaciones, refacciones, combustible y mantenimiento, gastos que deben cubrirse aun cuando los ingresos obtenidos por las cosechas resultan insuficientes. Una falla mecánica puede dejar detenida una unidad durante semanas y, en algunos casos, provocar que termine vendiéndose por partes para recuperar algo de dinero.
Los productores advierten que la pérdida de maquinaria no solamente afecta a quien decide venderla, sino también a otros agricultores que dependen de la renta de equipos para preparar sus tierras, sembrar o levantar las cosechas. Al reducirse el número de unidades disponibles, también se complica realizar las labores agrícolas en los tiempos que exige cada cultivo.
De continuar esta tendencia, señalaron, la descapitalización del campo podría profundizarse, porque recuperar la maquinaria que hoy se está desmantelando requerirá inversiones difíciles de enfrentar. Lo que actualmente se vende para resolver una necesidad económica inmediata puede convertirse mañana en otro obstáculo para mantener productivas las tierras de la región.
