La visita de Claudia Sheinbaum a Tamaulipas, la segunda en menos de un mes, admite más de una lectura. La primera, obvia, es la exhibición de un gobierno federal que exhibe presencia territorial, capacidad de despliegue y una narrativa consolidada. La política es un poco más compleja.
Las cifras que la presidenta detalló ayer en el Polyforum “Rodolfo Torre Cantú” son contundentes. Hay al menos 1.1 millones de tamaulipecas y tamaulipecos (más del 30% de la población) beneficiados directamente por los programas del bienestar.
Con una inversión de 23 mil 822 millones de pesos operan: pensión para adultos mayores (418 mil 112 personas), Mujeres Bienestar (105 mil 488), Personas con Discapacidad (46 mil 626), Jóvenes Construyendo el Futuro (20 mil 783), las becas Rita Cetina, Bienpesca, Sembrando Vida, Fertilizantes, Leche para el Bienestar, Escuela es Nuestra.
Sin exagerar, es la arquitectura social más extensa que un gobierno federal haya desplegado sobre el estado. La consigna “por el bien de todos, primero los pobres”, repetida ayer por Sheinbaum es el mecanismo político más eficaz que el movimiento ha construido.
Pero por más poderoso que sea el arsenal electoral que Morena tiene en sus manos, está lejos de ser infalible. Mientras los programas del Bienestar crecen en cobertura y en presupuesto, la cohesión interna del propio movimiento en Tamaulipas se erosiona a un ritmo que ya resulta difícil disimular.
La proximidad de la elección de 2027 ha comenzado a destapar la dimensión real de esa fractura. Que ayer todos posaran sonrientes, abrazados y dándose la mano no borra esa tensión.
Morena tiene en Tamaulipas un activo que ningún partido opositor puede igualar en el corto plazo, pero ese activo no es una garantía automática de resultado. La historia reciente de otros movimientos hegemónicos enseña que la erosión casi siempre empieza desde adentro.
Como dejó claro ayer la presidenta -y como indica el diseño del PEF 2027- los programas del Bienestar seguirán creciendo en todo el país, incluido Tamaulipas.
La interrogante en torno a la 4T en todo caso radica en si el morenismo sabrá contener su propia competencia interna antes de que esta convierta ese capital social, tan trabajosamente construido, en una ventaja desperdiciada.
