Por Ramiro Ortega Valdez
Expreso- La Razón
La reducción de las remesas comienza a cambiar de manera preocupante la vida económica de las comunidades de la zona temporalera, donde el dinero enviado por familiares que trabajan en Estados Unidos durante años representó uno de los principales respaldos para mantener a flote a cientos de hogares y, al mismo tiempo, financiar las actividades del campo.
Arturo González Velázquez, productor y habitante de Nueva Unión, señaló que el descenso ya puede medirse en las propias comunidades, y es que hasta el año pasado se estimaba que ocho de cada diez familias recibían remesas, pero estimó que la proporción ha disminuido a seis de cada diez, dejando a un número creciente de hogares sin ese ingreso que utilizaban para cubrir sus necesidades básicas.
Explicó que, el problema no solamente está en cuántas familias reciben dinero, sino también en la frecuencia con que llega y en las cantidades, los paisanos que anteriormente enviaban recursos cada semana ahora lo hacen cada 15 días o incluso una vez al mes, mientras que quienes podían mandar alrededor de mil dólares han reducido sus envíos a 800 o hasta 500 dólares.
González Velázquez destacó que, esta disminución está golpeando directamente el poder adquisitivo de las familias rurales, pero también su capacidad productiva, debido a que buena parte de las remesas se destinaba a preparar las tierras, comprar insumos y financiar las siembras. Agregó que, muchos migrantes enviaban dinero a sus padres o familiares precisamente para que las parcelas continuaran trabajándose mientras ellos permanecían laborando en el extranjero.
El productor atribuyó esta situación al endurecimiento de las políticas migratorias de Estados Unidos y, particularmente, al temor de los connacionales a ser deportados, lo que ha reducido su capacidad y disposición para enviar dinero.
El efecto, dijo, ya se refleja en el consumo y en la economía de las comunidades, donde algunos comercios han cerrado y también se han dejado de financiar siembras, la crisis de las remesas, advirtió, termina convirtiéndose en una crisis para el campo, porque cuando los dólares dejan de llegar con la misma fuerza, también se reduce el dinero que mantiene en movimiento a las familias y a las propias actividades productivas de la zona temporalera.
