POR ANTONIO BLANCO
EXPRESO – LA RAZÓN
La situación migratoria que enfrentan miles de mexicanos en Estados Unidos ha provocado que familias de El Mante permanezcan separadas durante años e incluso décadas, debilitando poco a poco los vínculos entre quienes se quedaron en México y las nuevas generaciones que crecieron del otro lado de la frontera.
Es el caso de Esmeralda Martínez y su esposo, ambos originarios de El Mante, quienes desde hace más de 20 años radican en Weslaco, Texas, sin haber podido regresar a su ciudad para reencontrarse con sus familiares.
Durante ese tiempo formaron una familia en Estados Unidos. Sus cinco hijos nacieron en ese país y, aunque mantienen comunicación con sus familiares de El Mante mediante llamadas y videollamadas, nunca han tenido la oportunidad de conocerlos personalmente.
Esmeralda explica que sus hijos crecieron completamente dentro de la cultura estadounidense. Hablan inglés, se identifican principalmente con el país donde nacieron y tienen pocos vínculos directos con México, debido principalmente a que nunca han visitado la tierra de sus padres.
Para Esmeralda y su esposo, regresar a México, incluso de visita, representa una decisión complicada debido a su situación migratoria, pues existe el temor de no poder volver a Estados Unidos, donde han construido su vida durante más de dos décadas.
“Ya no es opción para nosotros volver a México, ni siquiera para ver a nuestros familiares”, señala la mantense.
Sin embargo, una de sus mayores preocupaciones es lo que ocurrirá con los lazos familiares en el futuro. Esmeralda considera que sus padres representan actualmente el principal vínculo que mantiene a su familia conectada con El Mante.
Por ello, teme que cuando ellos fallezcan también termine por romperse la relación de sus hijos con México y con buena parte de sus familiares mantenses.
El caso de Esmeralda refleja una realidad que enfrentan otras familias originarias de El Mante cuyos integrantes emigraron a Estados Unidos y, debido a su condición migratoria, han permanecido durante años sin regresar.
Más allá de la distancia geográfica, el paso de los años comienza a generar también una separación generacional: mientras los padres mantienen recuerdos, afectos y raíces en El Mante, sus hijos han construido su identidad y su vida en Estados Unidos.
Así, la migración no solamente ha dividido familias a ambos lados de la frontera, sino que amenaza con debilitar los vínculos de las nuevas generaciones con la tierra de sus padres.
