Mientras enfermedades como el dengue ocupan la atención de las autoridades sanitarias, en las calles de El Mante avanza otra amenaza que deja víctimas casi todos los días: los accidentes en motocicleta.
No se trata de una percepción, pues la Secretaría de Salud de Tamaulipas confirmó que El Mante ocupa el segundo lugar estatal en accidentes de motocicleta, sólo por debajo de Ciudad Victoria; Además, la mayoría de las personas involucradas tiene entre 18 y 35 años, es decir, jóvenes en plena edad productiva.
La motocicleta dejó de ser hace tiempo un vehículo de recreación, hoy es una herramienta de trabajo, el medio de transporte de miles de familias y la alternativa más económica frente al aumento en el costo del combustible y del transporte público, sin embargo, ese crecimiento no ha estado acompañado por una mayor cultura de prevención.
Cada día es más frecuente observar motociclistas circulando sin casco, menores de edad conduciendo, familias completas viajando en una sola unidad o personas que desconocen las reglas básicas de tránsito; Basta una distracción, una maniobra imprudente o el exceso de velocidad para que el viaje termine en tragedia.
Cuando ocurre un accidente, el motociclista es quien lleva la peor parte, pues a diferencia de un automóvil, no existe una carrocería que absorba el impacto, el cuerpo recibe directamente la fuerza del golpe y las consecuencias suelen ser devastadoras.
En el Hospital General de El Mante se atienden diariamente pacientes con traumatismos derivados de accidentes, entre las lesiones más frecuentes se encuentran fracturas múltiples, traumatismos craneoencefálicos, lesiones y daños internos que requieren atención inmediata y en los casos más graves, incluso pueden registrarse amputaciones o la muerte.
Cada uno de estos pacientes representa una importante demanda para los servicios de salud, médicos, enfermeras, ambulancias, quirófanos, medicamentos, sangre y equipo especializado deben destinarse para salvar vidas.
Cuando las lesiones rebasan la capacidad resolutiva del hospital, los pacientes requieren ser trasladados a unidades de mayor especialidad para recibir atención neuroquirúrgica o vascular, donde cada minuto puede significar la diferencia entre la vida, una discapacidad permanente o un desenlace fatal.
Detrás de cada accidente hay una familia que enfrenta gastos inesperados, meses de rehabilitación, pérdida del ingreso porque el principal sostén económico ya no puede trabajar y, en muchos casos, secuelas permanentes que cambian por completo el proyecto de vida de una persona.
También existe un costo para la sociedad, cada accidente moviliza ambulancias, corporaciones de auxilio, elementos de Tránsito, personal médico y recursos públicos que podrían destinarse a otras necesidades si estos hechos fueran prevenibles.
Las campañas de concientización realizadas por las autoridades son un paso importante, pero resultan insuficientes si no van acompañadas de una mayor responsabilidad ciudadana.
El uso del casco, el respeto a los límites de velocidad, evitar conducir bajo los efectos del alcohol y obtener una licencia con capacitación real pueden marcar la diferencia entre llegar a casa o no hacerlo.
El Mante no puede acostumbrarse a ver motocicletas destrozadas sobre el pavimento como parte de la rutina diaria, la posición que hoy ocupa el municipio en las estadísticas estatales debe entenderse como una señal de alerta.
Las epidemias no siempre llegan con un virus, algunas avanzan silenciosamente por nuestras calles, dejan jóvenes lesionados, familias marcadas para siempre y una creciente presión sobre un sistema de salud que todos necesitamos proteger.
El verdadero reto ya no es contar accidentes, sino evitarlos, porque cada motocicleta destrozada sobre el pavimento representa un proyecto de vida interrumpido, una familia golpeada por los gastos médicos, la incertidumbre y el dolor, además de una presión creciente para los servicios de salud que diariamente enfrentan lesiones de alta complejidad.
La otra epidemia ya está aquí, la diferencia es que todavía estamos a tiempo de frenarla, con prevención, educación vial y una responsabilidad compartida entre autoridades y ciudadanos.
